14 agosto 2012

Eduardo Mallea / La ciudad junto al río inmóvil

" Ella no dijo nada; el sabor del whisky era agradable, fresco y con cierto amargor apenas sensible; el salón servía de refugio a la huida final de la tarde; entró un hombre vestido con traje de brín blanco y una camisa oscura y un pañuelo de puntas castaño saliéndole por el bolsillo del saco - miró a su alrededor y fue a sentarse al lado del mostrador y el patrón levantó los ojos y lo miró y el mozo vino y pasó la servilleta sobre la mesa y escuchó lo que el hombre pedía y luego lo repitió en voz alta; el hombre de la mesa lejana que oía al que hablaba volublemente volvió unos ojos lentos y pesados hacia el cliente que acababa de entrar; un gato soñoliento estaba tendido sobre la trunca balaustrada de roble negro que separaba dos sectores del salón, a partir de la vidriera donde se leía, al revés, la inscripción: "Café de la Legalidad"; ella pensó: ¿por qué se llamará café de la Legalidad? - una vez había visto, en el puerto, una barca que se llamaba Causalidad; ¿qué quería decir Causalidad, por qué había pensado el patrón en la palabra Causalidad, qué podía saber de Causalidad un navegante gris a menos de ser un hombre de ciertas lecturas venido a menos?; tal vez tuviera que ver con ese mismo desastre la palabra Causalidad; o sencillamente habría querido poner Casualidad -es decir, podía ser lo contrario, esa palabra, puesta allí por ignorancia o por un asomo de conocimiento-; junto a la tintorería, las puertas ya cerradas pero los escaparates mostrando el acumulamiento ordenado de carátulas grises, blancas, amarillas, con cabezas de intelectuales fotográficos y avisos escritos en grandes letras negras.
(...)
Estuvieron allí un rato más y luego salieron; echaron a andar por esas calles donde rodaban la soledad, la pobreza y el templado aire nocturno; parecía haberse establecido entre los dos una atmósfera, una temperatura que no tenía nada que ver con el clima de la calle; caminaron unas pocas cuadras, hasta el barrio céntrico donde ardían los arcos galvánicos, y entraron en el restaurante. ¡Qué risas, estrépito, hablar de gentes! Sostenía la orquesta de diez hombres su extraño ritmo; comieron en silencio; de vez en cuando cruzaba entre los dos una pregunta, una réplica; no pidieron nada después del pavo frío; más que la fruta, el café; la orquesta sólo se imponía pequeñas pausas. Cuando salieron, cuando los recibió nuevamente el aire nocturno, la ciudad, caminaron un poco a la deriva entre las luces de los cinematógrafos. Él estaba distraído, exacerbado, y ella miraba los carteles rosa y amarillo - habría deseado decir muchas cosas, pero no valía la pena, callaba. -Volvamos a casa -dijo él-. No hay ninguna parte adonde ir. "

Eduardo Mallea
La ciudad junto al río inmóvil (fragmento)

06 agosto 2012


“Andaba dibujando en un cuadernito, una costumbre que recién adquirí, cuando vi por la televisión, encendida sin sonido, la imagen de Chavela. Di voz al aparato. Se nos fue, escuché. Y me cogió un llanto irreparable. Lo que nunca me había sucedido. Siempre me culpé por no ser capaz de llorar con la muerte de mis padres, pero esta vez me venció el desconsuelo. Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida.
“Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí. Fue una noche de hace unos veinte años, en Madrid, en la sala Morasol. Dijo: “Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos”. Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase. Ya se había recuperado de su alcoholismo. Calculaba que había bebido algo así como 1,8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: “Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo”. Al conocer la triste noticia, que todos veníamos anticipando, he sentido la necesidad de bajar al bar a tomar uno a su salud, aunque el brebaje sin ella siempre será de los malos.
“Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. “La admiro desde niño”, le dije. “Yo también le admiro mucho a usted”, contestó. Ante la mentira, exclamé. “Vete a la mierda”. Nos fundimos en un largo abrazo que nunca aflojamos hasta ayer mismo, incluso aunque no pudiéramos vernos en su última visita a España, un viaje que quizá no debió hacer, pues no estaba en condiciones. Entonces, yo estaba de gira y a ella la ingresaron en un hospital.
“Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios nunca vistos en la música popular desde la muerte de Roberto Goyeneche. Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la primera al tiempo que ganaba lo segundo. Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender. En estos momentos de pérdida me digo, como en la canción: ¡Quién pudiera reír como llora Chavela! Y recuerdo estas palabras de Almodóvar: “Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella”.


Joaquín Sabina

30 julio 2012

Fragmento de Fuego en Casabindo / Héctor Tizón

 “Aquí la tierra es dura y estéril; el cielo está más cerca que en ninguna otra parte y es azul y vacío. No llueve, pero cuando ruge su voz es aterradora, implacable, colérica. Sobre esta tierra, donde es penoso respirar, la gente depende de muchos dioses. Ya no hay aquí hombres extraordinarios y seguramente no los habrá jamás. Ahora uno se parece a otro como dos hojas de un mismo árbol y el paisaje es igual al hombre. Todo se confunde y va muriendo. Los que escucharon hablar a los más viejos dicen que no siempre reinaron la oscuridad y la pobreza, que hubo aquí grandes señores, hombres sabios que hablaban con elocuencia, mujeres que parían hijos de ánimo esforzado, orfebres de la madera, de la arcilla y de los metales de paz y guerra, músicos, pastores de grandes majadas y sacerdotes que sabían conjurar los excesos divinos, gente que edificaba sus casas con piedra. Pero eso ocurrió en otros tiempos, antes de que el Diablo, al arribo de los invasores, desguarneciera la puna arreando a este pueblo hacia los valles y llanuras bajas, donde crece el bosque”.

Héctor Tizón

29 julio 2012

Los crímenes de Modesto / Almudena Grandes

Modesto piensa en su vida. Se ha sentado en una mesa, al lado de la ventana, y ha pedido una botella de agua mineral con gas en lugar del café de todas las mañanas. Cuando Modesto renuncia al café es que no tiene un buen día, o que en su paladar resucita la amargura de una vida entera, ese regusto sofocante, arenoso, que no cede a la aparente alegría de un tumulto de burbujas insípidas. Modesto se resigna, aparta el vaso, piensa en su vida.

No es una tarea fácil, porque su primera memoria es como un rompecabezas al que le faltan piezas. Él no tiene recuerdos infantiles de su padre, tampoco de su madre antes de los seis años. Más allá, sólo recuerda a su abuela, que siempre iba vestida de negro en casa, pero se ponía vestidos de colores para llevarle a los comedores del Auxilio Social. Ahora se estremece al recordar aquel luto prohibido, secreto, clandestino, pero entonces le parecía normal. Bastantes problemas tenemos ya, decía su abuela, y él, que no entendía nada excepto eso, que les sobraban los problemas, ni siquiera se atrevía a preguntar.

Cuando su madre salió de la cárcel no la reconoció. Llevaba tanto tiempo esperándola, imaginándola, mirando sus fotos todas las noches, que creía que su encuentro sería como la escena de una película; pero no pudo evitar que aquella mujer delgada, cansada, mayor, que le cogió en brazos con dificultad y los ojos llenos de lágrimas, le pareciera una extraña. Ocho años después, cuando salió su padre, todo fue más fácil. Él ya era casi un hombre y había tenido mucho tiempo, demasiado, para preparar aquel encuentro.

20 julio 2012

Roberto Fontanarrosa

El siguiente texto forma parte del discurso que Roberto Fontanarrosa pronunció en el III Congreso de la Lengua, en Rosario, en el año 2004.


No voy a lanzar ninguna teoría. Un congreso de la Lengua es un ámbito apropiado para plantear preguntas y eso voy a hacer.
La pregunta es por qué son malas las malas palabras,¿quién las define? ¿Son malas porque les pegan a las otras palabras?, ¿son de mala calidad porque se deterioran y se dejan de usar? Tienen actitudes reñidas con la moral, obviamente. No sé quién las define como malas palabras. Tal vez al marginarlas las hemos derivado en palabras malas, ¿no es cierto?
Muchas de estas palabras tienen una intensidad, una fuerza, que difícilmente las haga intrascendentes. De todas maneras, algunas de las malas palabras... no es que haga una defensa quijotesca de las malas palabras, algunas me gustan, igual que las palabras de uso natural.
Yo me acuerdo de que en mi casa mi vieja no decía muchas malas palabras, era correcta. Mi viejo era lo que se llama un mal hablado, que es una interesante definición. Como era un tipo que venía del deporte, entonces realmente se justificaba. También se lo llamaba boca sucia, una palabra un poco antigua pero que se puede seguir usando.
Era otra época, indudablemente. Había unos primos míos que a veces iban a mi casa y me decían: “Vamos a jugar al tío Berto”. Entonces iban a una habitación y se encerraban a putear. Lo que era la falta de la televisión que había que caer en esos juegos ingenuos.
Ahora, yo digo, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión, de grafismo al hablar. Como esos chicos que dicen: “Había un coso, que tenía un coso y acá le salía un coso más largo”. Y uno dice: “¡Qué cosa!”.
Yo creo que estas malas palabras les sirven para expresarse, ¿los vamos a marginar, a cortar esa posibilidad? Afortunadamente, ellos no nos dan bola y hablan como les parece. Pienso que las malas palabras brindan otros matices. Yo soy fundamentalmente dibujante, manejo mal el color pero sé que cuantos más matices tenga, uno más se puede defender para expresar o transmitir algo. Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física.
No es lo mismo decir que una persona es tonta, a decir que es un pelotudo.Tonto puede incluir un problema de disminución neurológico, realmente agresivo. El secreto de la palabra “pelotudo”–que no sé si está en el Diccionario de Dudas- está en la letra “t”. Analicémoslo. Anoten las maestras. Hay una palabra maravillosa, que en otros países está exenta de culpa, que es la palabra “carajo”.Tengo entendido que el carajo es el lugar donde se ponía el vigía en lo alto de los mástiles de los barcos. Mandar a una persona al carajo era estrictamente eso. Acá apareció como mala palabra. Al punto de que se ha llegado al eufemismo de decir “caracho“, que es de una debilidad y de una hipocresía…
Cuando algún periódico dice “El senador fulano de tal envió a la m… a su par”, la triste función de esos puntos suspensivos merecería también una discusión en este congreso.
Hay otra palabra que quiero apuntar, que es la palabra “mierda”, que también es irremplazable, cuyo secreto está en la “r”, que los cubanos pronuncian mucho más débil, y en eso está el gran problema que ha tenido el pueblo cubano, en la falta de posibilidad expresiva.
Lo que yo pido es que atendamos esta condición terapéutica de las malas palabras. Lo que pido es una amnistía para las malas palabras, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje porque las vamos a necesitar.

ROBERTO FONTANARROSA
Rosario, 26 de noviembre de 1944/Rosario, 19 de julio de 2007

18 julio 2012

AMIA / Sin justicia no hay democracia

                                                                           1994 / 2012

17 julio 2012

QUINO

Quino es un dibujante argentino (Mendoza, 1932). Hijo de inmigrantes españoles, la pérdida de sus padres durante su infancia hizo de él un niño solitario y taciturno, aislamiento que favoreció su dedicación al dibujo desde pequeño, guiado por su tío Joaquín Tejón, dibujante profesional.
Estudió en 1a. Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Cuyo y, a los dieciocho años, se marchó a Buenos Aires a probar suerte con sus dibujos. Este primer viaje resultó infructuoso, por lo que, al concluir el servicio militar, volvió a intentarlo, aunque esta segunda vez lo hizo como dibujante publicitario y como tal trabajó varios años hasta que en 1962 el semanario Primera Plana aceptó publicar Mafalda como tira fija. Muy pronto, ese mundo infantil compuesto por arquetipos adultos que reflejaba a la clase media argentina se hizo tan famoso, que en 1965 empezó a publicarse diariamente en el periódico El Mundo para deleite de sus lectores.
En 1968 Mafalda llegó a Europa, primero a Italia y luego a España; donde su éxito fue casi tan rotundo como en Buenos Aires; posteriormente se tradujo a varios idiomas y ganó popularidad en otros países. No obstante, en 1972 es decir a diez años del nacimiento del personaje su autor decidió no volver a dibujarlo, pues hasta entonces había vivido presionado por el ritmo que le imponían las tiras diarias.
A partir de 1973, en que se instaló con su esposa en Milán, publicó varios libros de historietas humorísticas entre los que destaca la serie Mundo Quino, pero nunca alcanzaron la repercusión del legendario personaje y los de su entorno, que, a treinta años de su nacimiento y a más de veinte años de su desaparición, se repiten en pósters, juguetes, postales, camisetas y en todo objeto susceptible de estampación.
En 1990 se acogió a la doble nacionalidad y adoptó la española, pero aunque residió algún tiempo en Madrid, regresó finalmente a Buenos Aires. En 1992 organizó una magna exposición en Madrid en la que exhibió reproducciones tridimensionales de sus personajes gráficos.

14 julio 2012

Horacio Coppola, el fotógrafo que registró cómo crecía Buenos Aires

Por su lente pasaron los más famosos rincones de Buenos Aires, la ciudad en la que nació, y en la que murió ayer, a la edad de 105 años. Y lo hizo en uno de esos días grises en los que la niebla desdibuja los bordes de los edificios porteños, como regalándole un último escenario para una fotografía más.

Nació un 31 de julio de 1906, en una familia acomodada de inmigrantes italianos dedicados a la artesanía, que le transmitieron el gusto por las artes, así como la capacidad de observar la realidad y reflejarla sin artificios. Interesado en el cine, en 1929 fundó el primer Cine Club de la ciudad, y más tarde filmaría varios documentales. “Yo nunca fui un hombre de café, me gustaba la calle, siempre fui un mirón”, diría años más tarde.

Los artistas e intelectuales del momento componían su círculo más íntimo, entre ellos Borges, para el que hizo las fotografías que aparecieron en la primera edición de la obra Evaristo Carriego, en 1930.

Viajó por el Viejo Continente, observando los cambios de comienzos de los años 30, retratando las grandes metrópolis y acercándose a las vanguardias, algo que traería consigo a su vuelta a Buenos Aires, en 1936. Vendrían con él, además, su primera mujer, la fotógrafa alemana Grete Stern y su cámara Leica. Es entonces cuando comienza a fotografiar la ciudad, por encargo de la Municipalidad. Ese trabajo culminaría en su libro Buenos Aires 1936, obra que le dio difusión y reconocimiento y que, para el historiador de la fotografía Abel Alexander “es uno de los primeros fotolibros de la Argentina”.

Aunque en 1969 realizó una importante muestra retrospectiva en el Museo de Arte Moderno, que iría después a varias ciudades estadounidenses, en los años 70 pasó desapercibido. Serían los 80 el momento en que se empieza a valorar su obra, cuando fue invitado desde Zurich a participar en una muestra de fotografía latinoamericana.

En 1985 recibió el Premio del Fondo Nacional de las Artes, y en 2005 llegó a las ferias de arte más importantes de España (ARCO) y Buenos Aires (arteBA).

Al año siguiente, el Malba hizo una retrospectiva de su trabajo. Ya para entonces, era “ciudadano ilustre” de la Ciudad. Una ciudad que con su cámara recorría solo y acompañado, de día y de noche: la calle Corrientes, la Boca, las luces de la noche porteña, como quien le busca el espíritu.

“Coppola fue el documentalista que registró Buenos Aires en su límite entre la gran aldea y la gran urbe”, señala Alexander.

Fuente: Ñ| Barbara Alvarez Pla|18/06/12

12 julio 2012

La tierra combatiente / Pablo Neruda

Primero resistió la tierra.

La nieve araucana quemó
como una hoguera de blancura
el paso de los invasores.
Caían de frío los dedos,
las manos, los pies de Almagro
y las garras que devoraron
y sepultaron monarquías
eran en la nieve un punto
de carne helada, eran silencio.
Fue en el mar de las cordilleras.
El aire chileno azotaba
marcando estrellas, derribando
codicias y caballerías.

Luego el hambre caminó detrás
de Almagro como una invisible
mandíbula que golpeaba.
Los caballos eran comidos
en aquella fiesta glacial.

Y la muerte del Sur desgranó
el galope de los Almagros,
hasta que volvió su caballo
hacia el Perú donde esperaba
al descubridor rechazado,
en el camino, con un hacha.

Pablo Neruda
Parral, 12 de julio de 1904–Santiago, 23 de septiembre de 1973

09 julio 2012

'Mi meta es cantar para la gente del pueblo'




Mercedes Sosa
9 de julio de 1935 / 4 de octubre de 2009

04 julio 2012

25 junio 2012

Ensayo sobre la ceguera / José Saramago

Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador del paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra de asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. Los conductores, impacientes, con el pie en el pedal del embrague, mantenían los coches en tensión, avanzando, retrocediendo, como caballos nerviosos que vieran la fusta alzada en el aire. Habían terminado ya de pasar los peatones, pero la luz verde que daba paso libre a los automóviles tardó aún unos segundos en alumbrarse. Hay quien sostiene que esta tardanza, aparentemente insignificante, multiplicada por los miles de semáforos existentes en la ciudad y por los cambios sucesivos de los tres colores de cada uno, es una de las causas de los atascos de circulación o embotellamientos, si queremos utilizar la expresión común.
Al fin se encendió la señal verde y los coches arrancaron bruscamente, pero enseguida se advirtió que no todos habían arrancado. El primero de la fila en medio está parado, tendrá un problema mecánico, se le habrá soltado el cable del acelerador, o se le agarrotó la palanca de la caja de velocidades, o una avería en el sistema hidráulico, un bloque de frenos, un fallo en el circuito eléctrico, a no ser que, simplemente se haya quedado sin gasolina, no sería la primera vez que esto ocurre. El nuevo grupo de peatones que se está formando en las aceras ve al conductor inmovilizado braceando tras el parabrisas mientras los de los coches de atrás tocan frenéticos el claxon. Algunos conductores han saltado ya a la calzada, dispuestos a empujar el automóvil averiado hacia donde no moleste. Golpean impacientemente los cristales cerrados. El hombre que está dentro vuelve hacia ellos la cabeza, hacia un lado, hacia el otro, se ve que grita algo, por los movimientos de la boca se nota que repite una palabra, una no, do, así es realmente, como sabemos cuando alguien, al fin, logre abrir una puerta. Estoy ciego.
Nadie lo diría. A primera vista, los ojos del hombre parecen sanos, el iris se presenta nítido, luminoso, la esclerótica blanca, compacta como porcelana. Los párpados muy abiertos, la piel de la cara crispada, las cejas repentinamente revueltas, todo eso que cualquiera puede comprobar, son trastornos de la angustia. En un movimiento rápido, lo que estaba a la vista desapareció tras los puños cerrados del hombre, como si aún quisiera retener en el interior del cerebro la última imagen recogida, una luz roja, redonda, en un semáforo. Estoy ciego, estoy ciego, repetía con desesperación mientras le ayudaban a salir del coche, y las lágrimas, al brotar, tornaron más brillantes los ojos que él decía que estaban muertos. Eso se pasa, ya verá, eso se pasa enseguida, a veces son nervios, dijo una mujer.

José Saramago
Ensayo sobre la ceguera (1996)
(fragmento)

14 junio 2012

Jorge Luis Borges / Pierre Menard


Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia. Glorificar el ocasional cumplimiento de esa función, atesorar antiguos y ajenos pensamientos, recordar con incrédulo estupor lo que el doctor universalis pensó, es confesar nuestra languidez o nuestra barbarie. Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.

Pierre Menard (fragmento), de Ficciones

Jorge Luis Borges
Buenos Aires, 24 de agosto de 1899/Ginebra, 14 de junio de 1986

13 junio 2012

La mejor voz del blues a la argentina

Durante tres décadas, Memphis La Blusera hizo historia grande en el género, y él tuvo mucho que ver en ello. Preparaba su segundo disco solista.

Adrián Otero logró un hit que, en su estribillo, incluye la cariñosa pero dudosamente inspiradora palabra “chuchi”. Valga eso como muestra del alcance popular que tuvieron la voz y la pluma del cantante fallecido ayer en un accidente automovilístico. En especial, esas casi tres décadas concatenadas entre 1980 y 2008, en las que le puso su voz (grave y bien reconocida) a Memphis la Blusera, uno de los más grandes proyectos de ese género que se hayan dado en la Argentina y en la región y también uno de los más permanentes, de cualquier estilo, en este país. A sus 53 años, Otero se encontraba trabajando en un segundo disco solista, luego de Imán, publicado en 2008, y en una etapa bastante estable de su vida. El ambiente artístico lo recordó con pesar ayer, a través de medios y redes sociales.
Adrián Otero nació el 31 de julio de 1958. Si bien no los volcó, en lo literal, a su música, sus estudios en psicología hicieron cuña en sus letras. “Si te llevás la cama, chuchi, dejame el colchón”, cantó, por ejemplo, en “La bifurcada”, uno de sus mayores hits con aquel ensamble. De joven se ganó la vida como cocinero, periodista deportivo y artesano en viajes por América, Europa y Africa. Pero ganó la trascendencia a su vida física con Memphis La Blusera, el insigne grupo formado en La Paternal en 1978 y disuelto en 2008, cuando Otero decidió abandonarlo y sus compañeros Daniel Beiserman y Emilio Villanueva conformaron Viejos Lobos del Blues.

06 junio 2012

La costa / Ray Bradbury


Marte era una costa distante y los hombres cayeron en olas sobre ella. Cada ola era distinta y cada ola más fuerte. La primera ola trajo consigo a hombres acostumbrados a los espacios, el frío y la soledad; cazadores de lobos y pastores de ganado, flacos, con rostros descarnados por los años, ojos como cabezas de clavos y manos codiciosas y ásperas como guantes viejos. Marte no pudo contra ellos, pues venían de llanuras y praderas tan inmensas como los campos marcianos. Llegaron, poblaron el desierto y animaron a los que querían seguirlos. Pusieron cristales en los marcos vacíos de las ventanas, y luces detrás de los cristales.
Esos fueron los primeros hombres.
Nadie ignoraba quiénes serían las primeras mujeres.
Los segundos hombres debieran de haber salido de otros países, con otros idiomas y otras ideas. Pero los cohetes eran norteamericanos y los hombres eran norteamericanos y siguieron siéndolo, mientras Europa, Asia, Sudamérica y Australia contemplaban aquellos fuegos de artificio que los dejaban atrás. Casi todos los países estaban hundidos en la guerra o en la idea de la guerra.
Los segundos hombres fueron, pues, también norteamericanos. Salieron de las viviendas colectivas y de los trenes subterráneos, y después de toda una vida de hacinamiento en los tubos, latas y cajas de Nueva York, hallaron paz y tranquilidad junto a los hombres de las regiones áridas, acostumbrados al silencio.
Y entre estos segundos hombres había algunos que tenían un brillo raro en los ojos y parecían encaminarse hacia Dios...

21 mayo 2012

Milan Kundera sobre Carlos Fuentes



“Es imposible captar lo que es la terra nostra, terra nostra de México, sin asomarse al pozo del pasado. No como historiador para encontrar en él hechos en su desarrollo cronológico, sino para preguntarse: ¿Cuál es para un hombre la esencia concentrada de la terra mexicana? Fuentes captó esa esencia bajo el aspecto de una novela-sueño en la que varias épocas históricas se empalman telescópicamente en una especie de metahistoria poética y onírica; creó así algo difícil de describir y, en todo caso, jamás visto en literatura”.

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15 mayo 2012

La silla del águila

 La silla del águila
*David Heredia

Hace unas semanas Emilio Carballido realizó unas declaraciones en torno al trabajo y trayectoria de Carlos Fuentes. Palabras más palabras menos, Carballido afirmó que Carlos Fuentes (ciudad de México, 1928) es uno de los grandes talentos literarios desaprovechados del siglo XX; que descuidó su trabajo por entregarse a la vida bohemia, a la galantería, es decir a ser un playboy ilustrado. Asimismo, Carballido añadió que no era una crítica injusta la que ejercía sobre el autor de La región más transparente, sino la adecuada para un hombre que tuvo un innegable talento literario que fue incapaz de explotar.
El autor veracruzano afirmó que Fuentes nos quedó a deber una gran obra del tamaño de Rayuela, del franco-argentino Julio Cortázar —lo francés deviene de su educación y del desarrollo de su trabajo realizado en París, ya que Julio Cortázar, hijo de diplomáticos argentinos, nació en Bruselas, en 1914, y murió en París, en 1984—. Carballido trae a cuento un diálogo de Rayuela entre el protagonista y uno de sus amigos-rivales en París, donde se afirma que a los grandes talentos o monstruos de la vida pública (como Louis Armstrong, en el caso de la obra cortazariana), que tienen la desgracia de ser longevos, hay que matarlos y dejarlos reposar en el olimpo de su gloria y esplendor. Entre más pasa el tiempo, mayores son las oportunidades de manchar su gran trayectoria. Morir (no sólo como ausencia física) es un arte, igual que saber el momento exacto de dejar la vida pública y evitar la posibilidad de arrastrar el prestigio.

11 mayo 2012

Desnuda / Roque Dalton


Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre,
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.


Roque Dalton
14 de mayo de 1935 - 10 de mayo de 1975

09 mayo 2012

07 mayo 2012

De la imposibilidad del Silencio / Alejandra Pizarnik

"Esto es muy importante para mí. Necesito del silencio (o tal vez es el silencio que me necesita). “Has venido a este mundo que no entiende nada sin palabras, casi sin palabras”. Esta frase se reitera en mí y canta en mí con extremada frecuencia. En verdad, no hago más que pensar en el silencio. Y he terminado preguntándome si el silencio existe. Pero si lo pregunto ya no hay silencio."

(fragmento de una carta de Alejandra Pizarnik a Antonio Porchia.
París, 22 de febrero de 1963)
   

01 mayo 2012

1 de mayo de 2012 – 21:00 hs. Metropolitano de Rosario

12 abril 2012

Sylvia Plath: Más allá de los mitos/...Y Syliva Plath fue una mujer que dio hachazos por el mundo por medio de su arte

La historia de la escritora estadounidense Sylvia Plath (Boston, 1932 / Inglaterra, 1963) y del escritor inglés Ted Hughes es una historia llena de mitos y ha sido comparada con un Romeo y Julieta post-feminista. Ahora, con la publicación en España de Los diarios de Sylvia Plath,- que, tanto en español como la nueva edicición inglesa, incluyen fragmentos, antes censurados por Ted Hughes- salen, de nuevo, más artículos sobre la pareja, como ocurrió con la publicación del libro de poesía de Ted Hughes, Cartas de cumpleaños en 1998, que escribió durante 25 años tras el suicidio de Sylvia Plath.
Sylvia Plath es una mujer importante no por haberse suicidado, o por haber estado casada con Ted Hughes, o por ser un símbolo del feminismo. Es importante porque, habiendo sufrido, ella tuvo la necesidad y la valentía absoluta de mirar y expresarlo todo con una sinceridad a veces escalofriante. En su diario escribe (17/7/57): "Escribiré hasta que empiece a escribir sobre mi yo verdadero".
En vida, Sylvia Plath publicó la novela La campana de cristal, el libro de poemas El coloso y un poema para la BBC titulado Tres mujeres (además de muchos poemas y cuentos sueltos en revistas). Tras su muerte, Ted Hughes publicó otros de sus libros y en 1981, Collected Poems de Sylvia recibió el Premio Pulitzer.

07 abril 2012

La mujer y su expresión/Victoria Ocampo

"Creo que, desde hace siglos, toda conversación entre el hombre y la mujer. empieza por un "no me interrumpas" de parte del hombre. Hasta ahora el monólogo parece haber sido la manera predilecta de expresión adoptada por él. Durante siglos, habiéndose dado cuenta cabal de que la razón del más fuerte es siempre la mejor (por más que no debiera serlo), la mujer se ha resignado a repetir, por lo común, migajas del monólogo masculino disimulando a veces entre ellas algo de su cosecha. Pero a pesar de sus cualidades de perro fiel que busca refugio a los pies del amo que la castiga, ha acabado por encontrar cansadora e inútil la faena. Luchando contra esas cualidades que el hombre ha interpretado a menudo como signos de una naturaleza inferior a la suya, o que ha respetado porque ayudaban a hacer de la mujer una estatua que se coloca en un nicho para que se quede ahí "sage comme une image"; luchando, digo, contra esa inclinación que la lleva a ofrecerse en holocausto, se ha atrevido a decirse con firmeza desconocida hasta ahora: "El monólogo del hombre no me alivia ni de mis sufrimientos, ni de mis pensamientos. ¿Por qué he de resignarme a repetirlo? Tengo otra cosa que expresar. Otros sentimientos, otros dolores han destrozado mi vida, otras alegrías la han iluminado desde hace siglos."

La mujer y su expresión. Victoria Ocampo. Fragmento

04 abril 2012

Gustavo Roldán, un grande de la literatura para chicos

Para él no había temas para lectores niños, sino que los grandes temas eran especialmente para ellos. “A los chicos les interesan las temáticas más fundamentales que les interesan a los grandes, no los temas tontos”, decía Gustavo Roldán. La mayoría de sus personajes son animales que viven en el monte, y cual si fueran personas, les pasan cosas y exponen los valores sociales que a Roldán le parecía importante destacar. Así aparecen zorros, sapos, tatúes, piojos, bichos colorados y ñandúes a través de los cuales aborda temas universales, como el amor, la amistad y la muerte.

Roldán nació en Saenz Peña, Chaco, en 1935. Criado en el monte, era Licenciado en Letras Modernas y trabajó como periodista, docente y editor de colecciones para chicos. Nunca respetó los márgenes. Fue justamente a fines de los ’80 cuando se originó un revuelo por La canción de las pulgas, parte de El Pajarito Remendado, donde siete pulgas cantan “pata, peta, pita, pota, puta”. Estaba en contra de la intención moralizante de la literatura para chicos. “Hay demasiados educadores –los padres, la policía, la escuela y las iglesias–; la función de la literatura es cualquier cosa menos esa. Que de paso también educa, sí, pero esa no es su función”, dijo el año pasado a Ñ digital en la presentación de su libro El último dragón para integrar las colecciones Torre de Papel y Zona Libre 2011 de la editorial Norma.

02 abril 2012

2 de abril

La La Guerra de las Malvinas, guerra patria que por un rato unió a los argentinos pisadores y a los argentinos pisados, culmina con la victoria del ejército colonialista de Gran Bretaña.
No se han hecho ni un tajito los generales y coroneles argentinos que habían prometido derramar hasta la última gota de sangre. Quienes declararon la guerra no estuvieron en ella ni de visita. Para que la bandera argentina flameara en estos hielos, causa justa en manos injustas, los altos mandos enviaron al matadero a los muchachitos enganchados por el servicio militar obligatorio, que más murieron de frío que de bala.
No les tiembla el pulso: con mano segura firman la rendición los violadores de mujeres atadas, los verdugos de obreros desarmados.
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Eduardo Galeano
De Memoria del fuego (1986) un libro con infinitas lecturas que se presta, de manera especial, para el hipertexto. Estas páginas recogen fragmentos del libro ordenados en forma cronológica y enriquecidos, en algunos casos, con fotografías, audio y textos adicionales tomados de las fuentes originales.

24 marzo 2012

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia



El recuerdo de un momento que nunca se debería olvidar desde ninguno de los aspectos culturales que nos identifican, ya que no sólo se conmemora a las víctimas de la última Dictadura militar que gobernó el país, autoproclamada Proceso de Reorganización Nacional, sino que se trata del recuerdo de un período que no se debe repetir de nuestra historia nacional.

16 marzo 2012

14 marzo 2012

"A los dos nos gusta mucho hacer el payaso"


A punto de iniciar una gira de dos meses por la Argentina, los cantautores saben ponerse serios, hablar de política y medios. Pero el Nano no puede con su genio al definir su relación con Joaquín: “Es como Charly con Palito. ¡Soy el Palito Ortega de Sabina!”.

Dos pájaros contraatacan se llama la gira que ha lanzado nuevamente al ruedo a Joan Manuel Serrat y a Joaquín Sabina por América latina y España, en un periplo de más de 60 conciertos que comenzará el lunes próximo en Salta y que incluirá una seguidilla de 18 Luna Parks entre marzo y abril. La orquesta del Titanic se llama el disco que los españoles hicieron “a cuatro manos”, un nombre que encontraron justo como una metáfora de la crisis que sacude a Europa: “El mundo se hunde y nosotros seguimos cantando”, dicen los cantautores, en medio de la amenaza. Cantan, componen, cruzan bromas y ríen juntos –sobre todo esto último, mucho, tanto en los shows como en las entrevistas– como si fuera el paso más natural del mundo; dos cantautores que podrían competir por el mismo público y que, sin embargo, han decidido compartirlo armoniosamente.

La continuación de Dos pájaros de un tiro, aquella gira que los unió en 2007 y de la que resultó un primer disco compartido, es esta vez diferente: La orquesta del Titanic es un disco echo íntegramente de nuevas canciones, con nuevos músicos (y producción a cargo de Javier Limón), compuestas y cantadas en forma compartida. “Un Frankenstein”, lo definen ellos con humor en diálogo con Página/12. “Lo que nos hizo tomar la idea de hacer otra gira, y luego decir no hacemos la gira si no tenemos canciones nuevas, fue cómo nos había quedado el paladar de contento con el recuerdo de la primera vez. Si volvimos a tropezar con la misma piedra fue por el recuerdo y la memoria de lo felices que fuimos en la otra gira: aquello rozó la perfección”, comienza la historia Sabina.

“La idea estaba hacía rato dándonos vueltas, a cada uno por separado, pero no nos lo decíamos... ¡quizá por miedo a tener que hacerlo! Y además nos pasaba lo mismo por separado: la gente en la calle que nos decía: ‘Ey, no pude verlos en Albacete’.” “Y ya sabe cómo es Joaquín –sigue Serrat–. ‘No se preocupe –les decía enseguida–, si usted lo dice, vamos a Albacete. ¡A Albacete vamos!’”

08 marzo 2012

Olga Román/Seguir Caminando

Jueves, 08 de marzo
BUENOS AIRES. ND ATENEO. 20.30h.

Viernes, 09 de marzo
LA PLATA (Buenos Aires)
El Teatro Bar. 20.30h.

Sábado, 10 de marzo
ROSARIO, Santa Fe
Sala Lavarden. 21.30h. Entradas a la venta en Librería Ameghino. (Corrientes 868 - Rosario) y en www.arteyrepertorios.com.ar. A partir del día 15 de febrero estarán a la venta en la Sala Lavarden

Domingo, 11 de marzo
SANTA FE
Foro Cultural Universitario, 22.00h. 9 de Julio 2150 (3000) Santa Fe - Teléfonos: (0342) 4571182 / 4571183

Miércoles, 14 de marzo
RÍO CUARTO, CÓRDOBA
Teatro Municipal. 22.30h.

Viernes, 16 de marzo
SAN LUIS, Capital
Auditorio Universitario 21.30h.

Sábado, 17 de marzo
MENDOZA
Teatro Independencia 21.30h

Miércoles, 21 de marzo
CÓRDOBA CAPITAL 22.00h.
Lugar: Cocina de Culturas. Julio A. Roca 491 anticipadas SOLO en www.arteyrepertorios.com.ar Reservas: 0351 486 2689 http://www.cocinadeculturas.com.ar/

Viernes, 23 de marzo
MAR DEL PLATA
Teatro Güemes 21.30h. Anticipadas : www.arteyrepertorios.com.ar o en el teatro $80 / en puerta $120 Direccion Güemes 2955 – Mar del plata Boleterias Tel: (0223) 4512725

Sábado, 24 de marzo
BAHÍA BLANCA, Resto Pub Grego 21.30h
UNICAS 120 LOCALIDADES EN BAHIA BLANCA Disqueria y Almacen de Musica BPM music O´Higgins 71 - Local 14 - Galeria Paseo del Angel (8000) Bahia Blanca – Pcia Bs.As - Argentina TEL = 0291-450-2710 de Lunes a Sabados, horario : 10:00 a 13.30 / 17:00 a 21:00

03 marzo 2012

Fernando Savater gana el Premio Primavera de Novela 2012

El filósofo y escritor vasco Fernando Savater ha logrado el Premio Primavera de Novela 2012 con la obra Los invitados de la princesa. El premio es convocado todos los años en España por la Editorial Espasa y por Ámbito Cultural del Corte Inglés y lleva aparejado un premio en metálico de 200.000 €, lo cual es cantidad muy respetable dentro del ámbito español e iberoamericano.

El argumento de la Los invitados de la princesa, nos plantea las aventuras de una especie de Tintín donostiarra que es invitado a la Isla de Santa Clara por el presidenta del gobierno de ese país para participar en un congreso internacional. Una vez llegado a la isla, el protagonista y el resto de los participantes en el congreso quedarán aislados debido a la imprevisible erupción de un volcán. Con ese argumento parece que el éxito de público está casi asegurado.

En las primeras declaraciones tras el fallo del jurado, Fernando Savater ha declarado que sobre todo lo que pretende con el libro es que el lector disfrute para lo cual ha dotado a la trama de humor en cantidades industriales, algo de poesía y mucha imaginación y una trama de tipo fantástico intentando crear un trasunto del estilo de Chaucer o Boccaccio.

Con Los invitados de la princesa, Savater también quiere rendir un homenaje a los libros que le han proporcionado mucho placer en la vida, sobre todos aquellos en los cuales se tratan temas como la educación, las discusiones filosóficas, la teología, la literatura, el terrorismo, los derechos de los animales y también mucha novela.

Fernando Savater (San Sebastián 1947) ha destacado como escritor, profesor universitario y tiene un su haber más de 50 libros entre los que se pueden encontrar ensayo político, ensayo literario y filosófico, crítica, narraciones, obras de teatro. Sus colaboraciones en prensa también son notables tanto en rotativos españoles como foráneos.

Entre los libros que mejor acogida han tenido entre el público y que han sido éxitos editoriales se encuentran La tarea del héroe que fue Premio Nacional de Ensayo 1982, las novelas El jardín de las dudas y La hermandad de la buena suerte – finalista del Premio Planeta – y Ética para Amador.

El premio ha sido fallado por un jurado lleno de astros de la literatura. Presidido por Ana María Matute también han formado parte de él Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Ana Rosa Semprún y Miryam Galaz. El Premio Primavera de Novela del 2011 recayó el año pasado en Raúl del Pozo. En la edición de este año, 2012, se han presentado 454 originales, de los cuales 290 provienen de Europa, 113 de América, 51 de otros países. El país que más originales ha enviado a sido España con un total de 275.

02 marzo 2012

Antonin Artaud/El teatro y su doble

Las ideas claras son ideas acabadas y muertas. La poesía es anárquica en tanto cuestiona todas las relaciones entre objeto y objeto y entre forma y significado. La verdadera poesía es metafísica, quiéraselo o no, y yo aun diría que su valor depende de su alcance metafísico, de su grado de eficacia metafísica. Hacer metafísica con el lenguaje hablado es hacer que el lenguaje exprese lo que no expresa comúnmente; es emplearlo de un modo nuevo, excepcional y desacostumbrado, es devolverle la capacidad de producir un estremecimiento físico, es dividirlo y distribuirlo activamente en el espacio, es usar las entonaciones de una manera absolutamente concreta y restituirles el poder de desgarrar y de manifestar realmente algo, es volverse contra el lenguaje y sus fuentes bajamente utilitarias, podría decirse alimenticias, contra sus orígenes de bestia acosada, es en fin considerar el lenguaje como forma de encantamiento.

Dejemos a los profesores la crítica de los textos, a los estetas la crítica de las formas, y reconozcamos que si algo se dijo antes no hay por qué decirlo otra vez; que una misma expresión no vale dos veces; que las palabras mueren una vez pronunciadas, y actúan sólo cuando se las dice, que una forma ya utilizada no sirve más y es necesario reemplazarla.

O nos mostramos capaces de retornar por medios modernos y actuales a esa idea superior de la poesía, o sólo nos resta abandonarnos a nosotros mismos sin protestas e inmediatamente, reconociendo que sólo servimos para el desorden. O retrotraemos todas las artes a una actitud y una necesidad centrales, encontrando una analogía entre un movimiento de la pintura o el teatro y un movimiento de la lava en la explosión de un volcán, o debemos dejar de pintar, de gritar, de escribir o de hacer cualquier cosa.

Se trata, pues, de crear una metafísica de la palabra para rescatarla de su servidumbre a la psicología. Pero nada de esto servirá si detrás de este esfuerzo no hay una suerte de inclinación metafísica, una apelación a ciertas ideas insólitas. No se trata, por otra parte, de poner directamente en escena ideas metafísicas, sino de crear algo así como tentaciones, ecuaciones de aire en torno a estas ideas. Y el humor con su anarquía, la poesía con su simbolismo y sus imágenes nos dan una primera noción acerca de los medios de analizar esas ideas. Pues todo este magnetismo y toda esta poesía y sus medios directos de encanto nada significarían si no lograran poner físicamente el espíritu en el camino de alguna otra cosa, si no pudiera darnos el sentido de una creación de la que sólo poseemos una cara, pero que se completa en otros planos. Nada significan el humor, la poesía, la imaginación, si por medio de una destrucción anárquica generadora de una prodigiosa emancipación de formas no alcanzan a replantear orgánicamente al hombre, con sus ideas acerca de la realidad y su ubicación poética en la realidad.

Y reivindico así el derecho de romper con el sentido usual del lenguaje, de quebrar de una buena vez la armadura, de hacer saltar el collar de hierro, de regresar, en fin, a los orígenes etimológicos del lenguaje. Hay otros lenguajes en el mundo además de nuestro lenguaje occidental que ha optado por la precisión, por la sequedad de las ideas, y que las presenta inertes e incapaces de despertar a su paso todo un sistema de analogías naturales. Las palabras no quieren decirlo todo, y por su naturaleza y definido carácter, fijado de una vez para siempre, detienen y paralizan el pensamiento, en lugar de permitir y favorecer su desarrollo. Trato de devolver al lenguaje de la palabra su antigua eficacia mágica, su esencial poder de encantamiento, pues sus misteriosas posibilidades han sido olvidadas. La palabra se ha osificado, los vocablos, todos los vocablos, se han helado y envarado en su propia significación, en una terminología esquemática y restringida. La palabra necesita que se la deje en libertad, y he aquí entonces que el lenguaje se reconstituye, revive con una especie de severa pureza moral que no teme pagar a la vida el precio que ella exige.

Antonin Artaud
El teatro y su doble
(1938)

27 febrero 2012

Asesinado por la policía de Rosario, Santa Fe el 19 de diciembre de 2001


Claudio "Pocho" Lepratti
27 de febrero de 1966 - 19 de diciembre de 2001

20 febrero 2012

Octavio Paz - El arquero, la flecha y el blanco (sobre Jorge Luis Borges)

El arquero, la flecha y el blanco (sobre J.L.Borges)
Empecé a leer a Borges en mi juventud, cuando todavía no era un autor de fama internacional. En esos años su nombre era una contraseña entre iniciados y la lectura de sus obras el culto secreto de unos cuantos adeptos. En México, hacia 1940, los adeptos éramos un grupo de jóvenes y uno que otro mayor reticente: José Luis Martínez, Alí Chumacero, Xavier Villaurrutia y algunos más. Era un escritor para escritores. Lo seguíamos a través de las revistas de aquella época. En números sucesivos de Sur yo leí la serie de cuentos admirables que después, en 1941, formarían su primer libro de ficciones: El jardín de los senderos que se bifurcan.

Todavía guardo la vieja edición de pasta azul, letras blancas y, en tinta más oscura, la flecha indicando un sur más metafísico que geográfico. Desde esos días no cesé de leerlo y conversar silenciosamente con él. A diferencia de lo que ocurrió después, cuando la publicidad lo convirtió en uno de sus dioses-víctimas, el hombre desapareció detrás de su obra. A veces, incluso, se me antojaba que Borges también era una ficción.

El primero que me habló de la persona real, con asombro y afecto, fue Alfonso Reyes. Lo estimaba mucho pero ¿lo admiraba? Sus gustos eran muy distintos. Estaban unidos por uno de esos equívocos usuales entre gente del mismo oficio: para Borges, el escritor mexicano era el maestro de la prosa; para Reyes, el argentino era un espíritu curioso, una feliz excentricidad. Más tarde, en París,en 1947, mis primeros amigos argentinos -José Bianco, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares- eran también muy amigos de Borges. Tanto me hablaron de él que, sin haberlo visto nunca, llegué a conocerlo como si fuese mi amigo. Nuevo equívoco: yo era su amigo pero para él mi nombre sólo evocaba, borrosamente, a un alguien que era un amigo de sus amigos. Muchos años después, al fin, lo conocí en persona. Fue en Austin, en 1971. Cortesía y reserva: él no sabía qué pensar de mí y yo no acababa de perdonarle aquel poema en que exalta, como Whitman pero con menos razón que el poeta norteamericano, a los defensores de El Alamo. A mí la pasión patriótica no me dejaba ver el arrojo heroico de aquellos hombres; él no percibía que el sitio de El Alamo había sido un episodio de una guerra injusta. Borges no acertó siempre a distinguir el verdadero heroísmo de la mera valentía. No es lo mismo ser un cuchillero de Balvanera que ser Aquiles: los dos son figuras de leyenda pero el primero es un caso mientras que el segundo es un ejemplo.

Nuestros otros encuentros, en México y en Buenos Aires, fueron más afortunados. Varias veces pudimos hablar con un poco de desahogo y Borges descubrió que algunos de sus poetas favoritos también lo eran míos. Celebraba esas coincidencias recitando trozos de este o aquel poeta y la charla, por un instante, se transformaba en una suerte de comunión. Una noche, en México, mi mujer y yo lo ayudamos a escabullirse del asalto de unas admiradoras indiscretas; entonces, en un rincón, entre el ruido y las risas de la fiesta, le recitó a Marie José unos versos de Toulet:

    Toute allégresse a son défaut
    Et se brise elle-meme.
    Si vous voulez que je vuus aime,
    Ne riez pas trop haut.

    C’est a voix basse qu’on enchante
    Sous la cendre d’hiver
    Ce coeur, pareil au feu couvert,
    Qui se consume et chante.

Julio Cortázar - Rayuela Cap. 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja...

...Me miras, de cerca me miras, cada vez mas de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez mas de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, Jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua. (fragmento)



Alejandra Pizarnik - Piedra Fundamental

No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.

Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las alude, signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos, aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío, no, he de hacer algo, no, no he de hacer nada, algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

Las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo.)

Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas. (Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)

(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)

Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.

Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aun para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.

Hay un jardín.


Las olas - Virginia Woolf

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido lo cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. (fragmento) 1931

Virginia Woolf - Orlando

"Habiendo interrogado al hombre y al pájaro y a los insectos (porque los peces, cuentan los hombres que para oírlos hablar han vivido años su soledad de verdes cavernas, nunca, nunca lo dicen, y tal vez lo saben por eso mismo), habiendo interrogado a todos ellos sin volvernos más sabios, sino más viejos y más fríos -porque ¿no hemos, acaso, implorado el don de aprisionar en un libro algo tan raro y tan extraño, que uno estuviera listo a jurar que era el sentido de la vida?- fuerza es retroceder y decir directamente al lector que espera, todo trémulo, escuchar qué cosa es la vida: ¡ay! no lo sabemos. " (fragmento)

“Cuando los besos saben a alquitrán, cuando las almohadas son de hielo,
cuando el enfermo aprende a blasfemar,
cuando no salen trenes para el
cielo,
a la hora de maldecir,
a la hora de mentir.
Cuando marca sus
cartas el tahúr
y rompe el músico su partitura
y vuelve Nosferatu al
ataúd
y pasa el camión de la basura,
a la hora de crecer,
a la hora
de perder,
cuando ladran los perros del amanecer.”

__

“En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿pero cómo pudo sucederme a mí?
¿quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.”

__

“Cuando agoniza la fiesta
todas encuentran pareja
menos Lola
que se va, sin ser besada,
a dormirse como cada
noche sola
y una lágrima salada
con sabor a mermelada
de ternura
moja el suelo de su alcoba
donde un espejo le roba
la hermosura.
Nadie sabe cómo le queman en la boca
tantos besos que no ha dado,
tiene el corazón tan de par en par y tan oxidado.”

__

“Algunas veces vivo, y otras veces
la vida se me va con lo que escribo,
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo que te arañe el corazón.
luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella…, al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
sólo quiero regalarte una canción.”

__

“Desnuda se sentía igual que un pez en el agua,
vestirla era peor que amortajarla,
inocente y perversa como un mundo sin dioses,
alegre y repartida como el pan de los pobres.
No quise retenerla, ¿de qué hubiera servido
deshacer las maletas del olvido?
Pero no sé qué diera por tenerla ahora mismo
mirando por encima de mi hombro lo que escribo.
Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa,
a cambio de sus besos y su prisa,
con ella descubrí que hay amores eternos
que duran lo que dura un corto invierno.”

__

“No soporta el dolor, le divierte inventar
que vive lejos, en un raro país,
cuando viaja en sueños lo hace sin mí,
cada vez que se aburre de andar, da un salto mortal.
Cuando el sol fatigado se dedica a manchar
de rosa las macetas de mi balcón
juega conmigo al gato y al ratón,
si le pido “quédate un poco más”, se viste y se va.
Cuanto más le doy ella menos me da
Por eso a veces tengo dudas, ¿no será un tal Judas
el que le enseñó a besar?”