25 diciembre 2014

Las Navidades de Borges



Le preguntamos hace poco a María Kodama cómo era la Nochebuena para Borges. Así supimos que, de niño, Borges pasaba la Navidad en la casa de su abuela inglesa, Frances Haslam, la madre de su padre, quien vivía al lado de su casa. Que le encantaba mirar cómo ella armaba el árbol, pero que luego sentía algo muy singular para un chico: que no merecía los regalos que le hacían.

Esta idea, de no ser merecedor de presentes, es reconocida por el propio Borges en la dedicatoria que le hace a su madre, Leonor Acevedo de Borges en la primera edición de sus Obras Completas (1974): "Yo recibía los regalos y yo pensaba que no era más que un chico y que no había hecho nada, absolutamente nada para merecerlos. Por supuesto, nunca lo dije: la niñez es tímida".

Algo de ese descontento interno, de esta autodemonización está latente en los primeros versos de su poema El espejo que comienza así: "Yo, de niño, temía que el espejo/Me mostrara otra cara o una ciega/Máscara impersonal que ocultaría /Algo sin duda atroz".

¿Qué monstruo interior se alojaría en ese Georgie tímido, amante de las lecturas de Stevenson, no de los juegos de destreza, atento observador, en el Zoológico, "del tigre rayado, asiático, real". Su infancia transcurrió en Palermo, en la calle Serrano, luego se trasladó a Ginebra, para volver a Buenos Aires y mudarse varias veces.

María Kodama supone que, más tarde, Borges pasaría las Navidades con sus padres y su hermana Norah, y después de la muerte del padre, con su madre en la casa de Norah.

A partir de los años 60, María es invitada al departamento para pasar la Nochebuena con Borges y su madre. Una que otra vez festejaban con amigos. ¿Cómo eran las celebraciones en la calle Maipú? Parece que no había árbol ni pesebre (todos sabemos de su agnosticismo), pero sí una mesa festiva, con un centro sembrado de lamparitas, velas y algún otro símbolo navideño. Por supuesto, la sidra y el pan dulce no faltaban.

Muchas veces, después de la muerte de doña Leonor, Borges y María pasaron juntos las Navidades en Nueva York, en los restaurantes de los hoteles, tan maravillosamente adornados para las fiestas, en pleno invierno. Otras veces, lo hicieron en Ginebra. En alguna oportunidad también festejaron en algún restaurante de Buenos Aires, con Enrique Pezzoni y Alberto Girri. El ritual de ambos consistía en comer pavo, brindar con champagne a la medianoche de la Nochebuena, y hacerse regalos.

19 diciembre 2014

Claudio "Pocho" Lepratti


Claudio "Pocho" Lepratti, más conocido como "El ángel de la bicicleta", fue un militante social argentino, asesinado en medio de la represión llevada a cabo por la Policía de la Provincia de Santa Fe, durante la crisis en Argentina del año 2001.

Claudio Lepratti
27 de febrero de 1966 - 19 de diciembre de 2001

13 diciembre 2014

TODOS SOMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN


CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO
LÍNEA 144

05 diciembre 2014

Abuelas de Plaza de Mayo / Recuperan al nieto 116

La presidenta de la asociación argentina, Estela De Carlotto, adelantó que se trata de un nieto que se crió con un médico de Casa Cuna en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires, donde fue dado a luz en 1977. 
La presidenta de la Asociación argentina Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, informó este jueves desde México la recuperación del nieto 116, hijo de Hugo Alberto Castro y Ana Rubel, desaparecidos durante la dictadura militar. 
De Carlotto dijo que se trata de un nieto que se crió con un médico de Casa Cuna, nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires.
Castro y Rubel, militaban en el Frente Argentino de Liberación cuando fueron secuestrados en 1977 y llevados a un centro clandestino de detención que funcionó en la ESMA.
"Ana Rubel, su madre, era maestra y estudiante de Ciencias Económicas. Cursaba el tercer año de esa carrera cuando fue secuestrada con un embarazo de 3 meses", señala De Carlotto en un comunicado emitido con el respaldo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. 
El niño nació en junio de 1977, Ana pidió durante el parto el cese de la música del sótano con la que se tapaban los gritos de los torturados. María Alicia Milia, fue una de las prisiones que ayudó en el alumbramiento de Ana, quien dos días después del parto fue trasladada al III Cuerpo de Ejército, señala la organización Desaparecidos de Argentina.
La misiva precisa además que Hugo Castro, su padre, era maestro mayor de obra y cuando se mudó a Buenos Aires, comenzó a estudiar Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. 
De Carlotto informó esta noticia durante su participación en la feria del Libro de Guadalajara y aseguró que este viernes dará más precisiones sobre el caso. "Próximamente se realizará una conferencia de prensa, para ampliar información sobre esta feliz noticia", apunta el comunicado. 
En agosto pasado, la líder las abuelas encontró al nieto 114, su nieto Guidocomo lo llama ahora la familia, pues era conocido como Ignacio Hurban.  
Se reunió con él en la ciudad de La Plata, en Argentina, luego de que la jueza María Servini de Cubría ordenó el cotejo de pruebas de ADN del joven yconfirmó su identidad. 
"Estamos muy felices por la noticia. Lo único que puedo contar es que se trata de un músico y que se realizó el estudio de ADN voluntariamente", dijo Guido Carlotto
Guido era hijo de Laura Estela Carlotto, secuestrada en noviembre de 1977 durante la dictadura militar. La joven estuvo detenida en el centro clandestino de La Cacha, en la ciudad de La Plata hasta el parto, que tuvo lugar en el Hospital Militar de Buenos Aires el 26 de junio de 1978.
Estela de Carlotto ayudó a recuperar a más de cien nietos nacidos en cautiverio y apropiados ilegalmente por funcionarios de la última dictadura liderada por el teniente Jorge Rafael Videla (1976-1981), pero que culminó en 1983 cuando se restableció la democracia.
EN CIFRAS
Durante la dictadura argentina de 1976 unos 500 niños fueron robados y llevados a centros clandestinos y desaparecieron cerca de 30 mil personas. Actualmente, 116 de ellos han recuperado su identidad gracias a la organización humanitaria Abuelas de Plaza de Mayo.

17 noviembre 2014

Ensayo sobre la ceguera (fragmento) / José Saramago




Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador del paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra de asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. Los conductores, impacientes, con el pie en el pedal del embrague, mantenían los coches en tensión, avanzando, retrocediendo, como caballos nerviosos que vieran la fusta alzada en el aire. Habían terminado ya de pasar los peatones, pero la luz verde que daba paso libre a los automóviles tardó aún unos segundos en alumbrarse. Hay quien sostiene que esta tardanza, aparentemente insignificante, multiplicada por los miles de semáforos existentes en la ciudad y por los cambios sucesivos de los tres colores de cada uno, es una de las causas de los atascos de circulación o embotellamientos, si queremos utilizar la expresión común.

15 noviembre 2014

Diario de invierno (fragmento), Paul Auster

Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro.

Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes seis años. Afuera cae la nieve, y en el jardín las ramas de los árboles se están poniendo blancas.

Habla ya antes de que sea demasiado tarde, y confía luego en seguir hablando hasta que no haya más que decir. Después de todo, se acaba el tiempo. Quizá sea mejor que de momento dejes tus historias a un lado y trates de indagar lo que ha sido vivir en el interior de este cuerpo desde el primer día que recuerdas estar vivo hasta hoy. Un catálogo de datos sensoriales. Lo que cabría denominar fenomenología de la respiración.

05 noviembre 2014

Dudas / Tristan Tzara


-He sacado el antiguo sueño de la caja como sacas tú el sombrero
cuando te pones el traje de muchos botones
cuando agarras el conejo por las orejas
cuando regresas de cacería
como eliges la flor de la maleza
y al amigo de entre los cortesanos.

Mira lo que me pasó
cuando llegó la noche lentamente como una cucaracha
buena para muchos como remedio, cuando enciendo
en el alma el fuego de los versos
me acosté. El sueño es el jardín preparado para las dudas
no sabes lo que es verdad, lo que no lo es
te parece que es un ladrón y lo fusilas
y después te comunican que ha sido un soldado
así ocurrió conmigo exactamente
por esto te llamé para decirme -sin error
lo que es verdad- lo que no lo es

28 octubre 2014

Noción de patria / Mario Benedetti



Cuando resido en este país que no sueña 
cuando vivo en esta ciudad sin párpados 
donde sin embargo mi mujer me entiende 
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres 
y llamo a mis amigos de vereda a vereda 
y puedo ver los árboles desde mi ventana 
olvidados y torpes a las tres de la tarde 
siento que algo me cerca y me oprime 
como si una sombra espesa y decisiva 
descendiera sobre mí y sobre nosotros 
para encubrir a ese alguien que siempre afloja 
el viejo detonador de la esperanza.


Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas 
que se ha vuelto egoísta de puro generosa 
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado 
pienso que al fin ha llegado el momento 
de decir adiós a algunas presunciones 
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas 
donde la indiferencia sea una palabra obsena.


Confieso que otras veces me he escapado. 
Diré ante todo que me asomé al Arno 
que hallé en las librerías de Charing Cross 
cierto Byron firmado por el vicario Bull 
en una navidad de hace setenta años. 
Desfilé entre los borrachos de Bowery 
y entre los Brueghel de la Pinacoteca 
comprobé cómo puede trastornarse 
el equipo sonoro del Chateau de Langeais 
explicando medallas e incensarios 
cuando en verdad había sólo armaduras.


Sudé en Dakar por solidaridad 
vi turbas galopando hasta la Monna Lisa 
y huyendo sin mirar a Botticelli 
vi curas madrileños abordando a rameras 
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas 
que preguntaban por el comedor 
suecos amontonados en dos metros de sol 
y en Copenhague la embajada rusa 
y la embajada norteamericana 
separadas por un lindo cementerio.


Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve 
y el carnaval de Río cubierto por la samba 
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros 
probé en Santiago el caldillo de congrio 
y recibí el Año Nuevo en Times Square 
sacándome cornetas del oído.


Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche 
y salvando las obvias diferencias 
vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses 
vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station 
y salvando otra vez las diferencias 
vi un toro de pacífico abolengo 
que no quería matar a su torero. 
Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos 
con una insolación mediterránea 
y me saqué una foto en casa de Jan Neruda 
dormí escuchando a Wagner en Florencia 
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón 
vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire 
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall 
marcando el jazz con negros zapatones 
vi a las mujeres más lindas del planeta 
caminando sin mí por la Vía Nazionale.

13 octubre 2014

Condenan a nueve ex policías por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura militar en Rosario/Los condenados se desempeñaban en el Servicio de Informaciones (SI), ubicado en San Lorenzo y Dorrego, a las órdenes de Agustín Feced, fallecido ex interventor de la policía rosarina

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal 2 de Rosario condenó hoy a nueve ex policías santafesinos a penas que van de la prisión perpetua hasta los ocho años de cárcel, por crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura en la provincia de Santa Fe.
Los condenados fueron Carlos Ulpiano Altamirano, perpetua; Lucio César Nast, 22 años; Ricardo José Torres, 8 años; José Rubén Lo Fiego, 12 años; Ramón Telmo Alcides Ibarra, 20 años; Julio Fermoselle, 22 años; Ovidio Olazagoitía, 18 años; Ernesto Vallejo, 22 años, y Eduardo Dugour, 22 años.
En cambio, Pedro Travagliante, que estaba acusado del delito de privación ilegal de la libertad y tormentos, resultó absuelto.
Ulpiano Altamirano estaba acusado de homicidio agravado por alevosía, en concurso con privación ilegal de la libertad en perjuicio de 43 víctimas, delito por el que fue juzgado el resto de los integrantes del banquillo.
La Fiscalía, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y la Asociación Civil HIJOS habían solicitado prisión perpetua para Ulpiano Altamirano y 25 años de cárcel para el resto de los imputados, así como que las penas sean de cumplimiento efectivo en cárcel común.
La querella había pedido la pena máxima para Ulpiano Altamirano, acusado como responsable directo del asesinato del militante político Conrado Galdame y los ciudadanos peruanos Rory Chuang Céspedes y María Antonieta Chuang Céspedes. También se lo acusó de haber participado en el secuestro, las torturas y amenazas de otras numerosas víctimas de la dictadura.
El Tribunal Oral Federal 2, integrado por los jueces Noemí Marta Berros, María Ivón Bella y Roberto Manuel López Arango, difirió la lectura de los fundamentos de la sentencia para el 2 de diciembre, a la una de la tarde.
Este proceso, conocido como “Feced 2”, es un desprendimiento de la megacausa “Díaz Bessone”, que concluyó en marzo de 2012, y por la que Lo Fiego ya había sido condenado a prisión perpetua.
Los condenados eran miembros de la policía de Santa Fe y se desempeñaban en el Servicio de Informaciones (SI), que estaba ubicado en San Lorenzo y Dorrego, a las órdenes de Agustín Feced, fallecido ex comandante de Gendarmería Nacional e interventor de la policía rosarina.
 Fuente: diario la capital/rosario

06 octubre 2014

ESCENA III / PAUL BOWLES



A veces la fiebre regresa y veo las montañas,
la mañana cargada de monjas que caminan
y las hipodérmicas del hambre,
los árboles rapaces, las falsas cascadas radiantes de arañas,
las enredaderas del silencio.
Veo las mismas montañas sordas con la boca tapada de nieve
y muevo un poco los dedos. Pero igual,
necesito ayuda.

A veces, al caer la tarde, la fiebre pasea por los suburbios.
A veces hay una sola montaña, justo encima de nuestras cabezas.
Al mediodía empieza a llover. Los caballos se esconden entre las rocas,
y el mar como un idiota se queda ahí.
De vez en cuando necesito ayuda.

“Ese día perecieron dos mil hombres en la costa infinita.”

Para nosotros: tiburones, latas, agua estancada.
Por la noche llegan ocho enfermedades
mientras el escorpión se agarra del techo.
Para nosotros: alambre de púas, bocas abiertas, sangre seca,
las flores peludas de las tarántulas
y el constante ojo ciego
del tiempo, congelado en el aire.

El viento baja en fragmentos
por los desfiladeros.
Tenemos que gritar sin descanso--
el que para está perdido.

29 septiembre 2014

Alejandra Pizarnik

Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse 
la cabellera a puñados, este escupirse
en los propios ojos, sólo por decir,
Todo por ver si se puede decir.
¿Qué es que yo soy? ¿Verdad que sí?
¿No es verdad que yo existo?
¿Yo no soy la pesadilla de una bestia?

Alejandra Pizarnik

16 septiembre 2014

Adolfo Bioy Casares


La invención de Morel (fragmento)
" Recorrí los estantes buscando ayuda para ciertas investigaciones que el proceso interrumpió y que en la soledad de la isla traté de continuar. Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia. Mi alma no ha pasado, aún a la imagen; si no, yo habría muerto, habría dejado de ver a Faustine, para estar con ella en una visión que nadie recogerá.
(...)
Intenté varias explicaciones: Que yo tenga la famosa peste; sus efectos, la imaginación: la gente, a la música, Faustine; en el cuerpo: tal vez lesiones horribles, signos de la muerte, que los efectos anteriores no me dejan ver.
(...)
Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. El verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No puede volver al museo a buscar las cosas, huí por las barracas, estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme, tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana. Escribo esto para dejar testimonio del adverso milagro.
(...)
Esta mujer es algo más que una falsa gitana. Me espanta su valor. Nada anunció que me hubiera visto. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto. Todavía el sol estaba arriba del horizonte, no el sol, la apariencia del sol; era ese momento en que ya se ha puesto, o va a ponerse, y uno lo ve donde no está. Yo había escalado con urgencia las piedras. La vi; el pañuelo de colores, las manos cruzadas sobre una rodilla, aumentando el mundo. Mi respiración se volvió irreprimible.
(...)
No espero nada. Esto no es horrible. Después de resolverlo, he ganado tranquilidad. Pero esa mujer me ha dado una esperanza. Debo temer las esperanzas. Tal vez toda esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir. Ya no estoy muerto: estoy enamorado. 
(...)

13 septiembre 2014

MAROSA DI GIORGIO

 Deja tu comarca entre las fieras y los lirios. Y ven a mí esta noche oh, mi amado, monstruo de almíbar, novio de tulipán, asesino de hojas dulces. Así, aquella noche lo clamaba yo, de portal en portal, junto a la pared pálida como un hueso, todo llena de un miedo irisado y de un oscuro amor. Ya era la edad en que las abuelas habían retrocedido a moradas de subtierra y sólo sus almas perduraban encadenadas a las lámparas estremeciendo mariposas verdes y amarillas a la hora de los fuegos y los rezos.
¡Oh, mi amor!  lo clamaba yo, de puerta en puerta, de muro en muro– perdí mis trenzas, estoy desnuda, se cayó el sándalo de los medallones, la luna paró sobre las chimeneas su trineo de coral. Y no vienes, hombre, rosa, crimen, corazón. Voy a quebrar las almendras, a comer alabastro amargo. Voy a matar los panales. Me has hecho imaginar inútilmente tus médulas de sándalo, tu corazón de fuego. Ahora, reirán de mí las muertas que se acuerdan de tu amor. Así mentía yo, abrazada a su melena de oro, a su terrible miel. Él hablaba una lengua casi inteligible; pero, un rocío voraz, una lepra de flores, le terminaba el rostro. Y dentro estaban el azúcar y las cruces y los espejos con olor a jacintos. Nos acercamos a la mesa. Las abuelas renacieron en las lámparas. Le dije que iba a guardarlo, que iba a besarlo, que iba a guardar su corazón entre las piñas y los livores y las medallas. Otra vez jardín y sombras y columnas rotas y los cisnes serios como hombres. Empecé a matarlo. Porque no digas mi amor a nadie –a entreabrirle los pétalos del pecho, a sacarle el corazón. Él se apoyó en mi brazo, le latía con locura el almíbar de los dedos. Empezó a morir. Cerca del bosque empezó a morir. Rompí a llorar. Voy  a matar los panales; voy a quebrar las almendras, a comer alabastro amargo. Su muerte siguió a lo largo del bosque. Quise recogerla en mi saya, reunirla en mis brazos, abrazarla. Voy a tener hijos de almíbar y de pétalos y no podrán besarte, oh, mi novio de miel, mi tulipán. Lloraba desesperadamente. Quería juntar los pétalos, reconstruir la miel, sacarlo de la muerte, ganarlo para siempre, que no tuviera fin este poema.


(De “Humo”, “Los Papeles Salvajes I”)

31 agosto 2014

Defensa de la alegría / MARIO BENEDETTI

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.

23 agosto 2014

Abuelas de Plaza de Mayo encontró al nieto 115

Dos semanas después de la aparición del nieto de Estela de Carlotto, la entidad anunció la restitución de una identidad más; la mujer reside en Europa y es nieta de una de las fundadoras de Abuelas.

Dos semanas de la aparición de Guido Carlotto (Ignacio Hurban), el nieto de Estela de Carlotto, Abuelas de Plaza de Mayo anunció esta tarde la restitución de una identidad más: se trata de la nieta 115. Ana Libertad, que reside en Europa, es la nieta de una de las fundadoras de Abuelas.
Estela de Carlotto convocó una conferencia de prensa esta tarde. Allí leyó una carta en el que expresa su satisfacción por el nuevo hallazgo y lamentó que la abuela de Ana Libertad no estuviera viva para abrazarla.
Ana Libertad es hija de Elena De la Cuadra, desaparecida durante la dictadura, y de Héctor Baratti, asesinado y cuyos restos fueron identificados.
Es nieta de Alicia Zubasnabar de la Cuadra, más conocida como "Licha" y una de las fundadoras de la entidad que falleció en el 2008 a los 92 años, "sin poder abrazar" a su nieta, dijo Carlotto.

Fuente: lanacion.com

05 agosto 2014

Recuperaron al nieto de Estela de Carlotto

El nieto varón de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, hijo de su hija Laura Carlotto, asesinada durante la dictadura, fue recuperado luego de 37 años de búsqueda incesante de sus familiares.


Así lo informó esta tarde el secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, Guido Carlotto, en diálogo con Télam.


"Estamos muy felices por la noticia. Por cuestiones legales, lo único que puedo contar es que se trata de un músico y que se realizó el estudio de ADN voluntariamente", dijo Guido Carlotto a la espera de la conferencia de prensa que se llevaría a cabo en la sede de Abuelas hoy a las 17.



Laura Carlotto, secuestrada y asesinada por la dictadura militar, era estudiante de Historia de la Universidad Nacional de La Plata, pertenecía a la Juventud Universitaria Peronista (JUP).



A fines de noviembre de 1977 Laura fue secuestrada embarazada de tres meses. La joven, según testimonios de sobrevivientes, fue mantenida con vida en el centro clandestino de detención La Cacha, en La Plata, hasta dar a luz en el Hospital Militar de Buenos Aires el 26 de junio de 1978.



El niño, cuyo nombre para la familia es Guido y hoy tiene 36 años, permanecía desaparecido hasta hoy.

03 agosto 2014

LOS MEJORES DE LA RAZA / CHARLES BUKOWSKI





No hay nada que
discutir
no hay nada que
recordar
no hay nada que
olvidar 
es triste
no es
triste 
parece que la
cosa más
sensata
que una persona puede 
hacer
es
estar sentada
con una copa en la
mano
mientras las paredes
blanden
sonrisas de
despedida 
uno pasa a través de
todo 
ello
con una cierta
cantidad de
eficiencia y valentía
entonces
se va 
algunos aceptan
la posibilidad de
Dios
para ayudarles
en su
paso 
otros
lo aceptan
como es 
y por estos 
bebo 
esta noche.



30 julio 2014

Fragmento del discurso que Gabriel García Márquez leyó en Estocolmo el jueves 21 de octubre de 1982, antes de recibir el Premio Nobel de Literatura

“Un día como hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: ‘Me niego a admitir el fin del hombre’. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora, que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra […] Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía”

27 julio 2014

Virgilio Piñera

TEXTO

La secreta aspiración de papá fue el cenobio: por qué equivocó esta vocación, por qué se casó, y lo que es todavía más contradictorio, por qué tuvo seis hijos (aspiraba a tener doce pero mi madre se enfermó) es cosa que jamás podrá quedar dilucidada. Quizás la explicación habría que buscarla una vez más en ese "arturismo"‚ de nuestro pueblo: papá sólo pudo seguir la rutina de los días y aceptó el matrimonio como uno de esos males necesarios; en cuanto a los hijos, los iba haciendo a falta de otra cosa más importante que realizar. Por otra parte, y he aquí una nueva contradicción: a medida que la gente es más mísera se despierta en ellas un furioso deseo de procrearse. En esas noches en que los matrimonios van a la cama muy temprano porque el aburrimiento les destroza sólo les queda la rutinaria copulación, sin belleza, sin lujuria, sin pasión; una cópula practicada, no por ellos sino por la inercia.

(...) Había llenado la casa con seis hijos, llegados al mundo un año tras otro; lo que hubiera sido su mayor ambición: soledad de mi madre y de él, todo esto hubo de trocarse por la vocinglería de seis muchachos. Su hambre de silencio era cada día más apremiante; estaba decidido a calmarla costare lo que costare. Las consecuencias de esta decisión serían pagadas por nosotros. Dos tipos de silencio deberíamos observar: uno, el silencio porque el padre estaba callado; otro, porque el padre estaba hablando... El segundo era más estricto que el primero. Seríamos castigados severamente si, en ocasión de estar papá anegado en su silencio, con su cabeza sumergida en el mar de la Nada, alterábamos este silencio con alguna risa, ruido o voces. Entonces, saltaría como una furia y seríamos perseguidos y copados en las faldas de nuestra madre.

16 julio 2014

Elena Poniatowska

El recado

Vine Martín, y no estás. Me he sentado en el peldaño de tu casa, recargada en tu puerta y pienso que en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí estoy. Es este tu pedacito de jardín; tu mimosa se inclina hacia afuera y los niños al pasar le arranzan las ramas más accesibles... En la tierra, sembradas alrededor del muro, muy rectilíneas y serias veo unas flores que tienen hojas como espadas. Son azul marino, parecen soldados. Son muy graves, muy honestas. Tú también eres un soldado. Marchas por la vida, uno, dos, uno, dos... Todo tu jardín es sólido, es como tú, tiene una reciedumbre que inspira confianza.

Aquí estoy contra el muro de tu casa, así como estoy a veces contra el muro de tu espalda. El sol da también contra el vidrio de tus ventanas y poco a poco se debilita porque ya es tarde. El cielo enrojecido ha calentado tu madreselva y su olor se vuelve aún más penetrante. Es el atardecer. El día va a decaer. Tu vecina pasa. No sé si me habrá visto. Va a regar su pedazo de jardín. Recuerdo que ella te trae una sopa cuando estás enfermo y que su hija te pone inyecciones... Pienso en ti muy despacio, com si te dibujara dentro de mí y quedaras allí grabado. Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana y pasado mañana y siempre en una cadena ininterrumpida de días; que podré mirarte lentamente aunque ya me sé cada rinconcito de tu rostro; que nada entre nosotros ha sido provisional o un accidente.

Estoy inclinada ante una hoja de papel y te escribo todo esto y pienso que ahora, en alguna cuadra donde camines apresurado, decidido como sueles hacerlo, en alguna de esas calles por donde te imagino siempre: Donceles y Cinco de Febrero o Venustiano Carranza, en alguna de esas banquetas grises y monocordes rotas sólo por el remolino de gente que va a tomar el camión, has de saber dentro de tí que te espero. Vine nada más a decirte que te quiero y como no estás te lo escribo. Ya casi no puedo escribir porque ya se fue el sol y no sé bien a bien lo que te pongo. Afuera pasan más niños, corriendo. Y una señora con una olla advierte irritada: "No me sacudas la mano porque voy a tirar la leche..." Y dejo este lápiz, Martín, y dejo la hoja rayada y dejo que mis brazos cuelguen inútilmente a lo largo de mi cuerpo y te espero. Pienso que te hubiera querido abrazar. A veces quisiera ser más vieja porque la juventud lleva en sí, la imperiosa, la implacable necesidad de relacionarlo todo con el amor.

Ladra un perro; ladra agresivamente. Creo que es hora de irme. Dentro de poco vendrá la vecina a prender la luz de tu casa; ella tiene llave y encenderá el foco de la recámara que da hacia afuera porque en esta colonia asaltan mucho, roban mucho. A los pobres les roban mucho; los pobres se roban entre sí... Sabes, desde mi infancia me he sentado así a esperar, siempre fui dócil, porque te esperaba. Sé que todas las mujeres aguardan. Aguardan la vida futura, todas esas imágenes forjadas en la soledad, todo ese bosque que camina hacia ellas; toda esa inmensa promesa que es el hombre; una granada que de pronto se abre y muestra sus granos rojos, lustrosos; una granada como una boca pulposa de mil gajos. Más tarde esas horas vividas en la imaginación, hechas horas reales, tendrán que cobrar peso y tamaño y crudeza. Todos estamos --oh mi amor-- tan llenos de retratos interiores, tan llenos de paisajes no vividos.



Ha caído la noche y ya y casi no veo lo que estoy borroneando en la hoja rayada. Ya no percibo las letras. Allí donde no le entiendas en los espacios blancos, en los huecos, pon: "Te quiero..." No sé si voy a echar esta hoja debajo de la puerta, no sé. Me has dado un tal respeto de ti mismo... Quizá ahora que me vaya, sólo pase a pedirle a la vecina que te dé el recado: que te diga que vine. 

Julio Cortázar - Rayuela Cap. 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja...

...Me miras, de cerca me miras, cada vez mas de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez mas de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, Jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua. (fragmento)



Alejandra Pizarnik - Piedra Fundamental

No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.

Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las alude, signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos, aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío, no, he de hacer algo, no, no he de hacer nada, algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

Las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo.)

Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas. (Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)

(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)

Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.

Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aun para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.

Hay un jardín.


Las olas - Virginia Woolf

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido lo cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. (fragmento) 1931

Virginia Woolf - Orlando

"Habiendo interrogado al hombre y al pájaro y a los insectos (porque los peces, cuentan los hombres que para oírlos hablar han vivido años su soledad de verdes cavernas, nunca, nunca lo dicen, y tal vez lo saben por eso mismo), habiendo interrogado a todos ellos sin volvernos más sabios, sino más viejos y más fríos -porque ¿no hemos, acaso, implorado el don de aprisionar en un libro algo tan raro y tan extraño, que uno estuviera listo a jurar que era el sentido de la vida?- fuerza es retroceder y decir directamente al lector que espera, todo trémulo, escuchar qué cosa es la vida: ¡ay! no lo sabemos. " (fragmento)

“Cuando los besos saben a alquitrán, cuando las almohadas son de hielo,
cuando el enfermo aprende a blasfemar,
cuando no salen trenes para el
cielo,
a la hora de maldecir,
a la hora de mentir.
Cuando marca sus
cartas el tahúr
y rompe el músico su partitura
y vuelve Nosferatu al
ataúd
y pasa el camión de la basura,
a la hora de crecer,
a la hora
de perder,
cuando ladran los perros del amanecer.”

__

“En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿pero cómo pudo sucederme a mí?
¿quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.”

__

“Cuando agoniza la fiesta
todas encuentran pareja
menos Lola
que se va, sin ser besada,
a dormirse como cada
noche sola
y una lágrima salada
con sabor a mermelada
de ternura
moja el suelo de su alcoba
donde un espejo le roba
la hermosura.
Nadie sabe cómo le queman en la boca
tantos besos que no ha dado,
tiene el corazón tan de par en par y tan oxidado.”

__

“Algunas veces vivo, y otras veces
la vida se me va con lo que escribo,
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo que te arañe el corazón.
luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella…, al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
sólo quiero regalarte una canción.”

__

“Desnuda se sentía igual que un pez en el agua,
vestirla era peor que amortajarla,
inocente y perversa como un mundo sin dioses,
alegre y repartida como el pan de los pobres.
No quise retenerla, ¿de qué hubiera servido
deshacer las maletas del olvido?
Pero no sé qué diera por tenerla ahora mismo
mirando por encima de mi hombro lo que escribo.
Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa,
a cambio de sus besos y su prisa,
con ella descubrí que hay amores eternos
que duran lo que dura un corto invierno.”

__

“No soporta el dolor, le divierte inventar
que vive lejos, en un raro país,
cuando viaja en sueños lo hace sin mí,
cada vez que se aburre de andar, da un salto mortal.
Cuando el sol fatigado se dedica a manchar
de rosa las macetas de mi balcón
juega conmigo al gato y al ratón,
si le pido “quédate un poco más”, se viste y se va.
Cuanto más le doy ella menos me da
Por eso a veces tengo dudas, ¿no será un tal Judas
el que le enseñó a besar?”