14 marzo 2012

"A los dos nos gusta mucho hacer el payaso"


A punto de iniciar una gira de dos meses por la Argentina, los cantautores saben ponerse serios, hablar de política y medios. Pero el Nano no puede con su genio al definir su relación con Joaquín: “Es como Charly con Palito. ¡Soy el Palito Ortega de Sabina!”.

Dos pájaros contraatacan se llama la gira que ha lanzado nuevamente al ruedo a Joan Manuel Serrat y a Joaquín Sabina por América latina y España, en un periplo de más de 60 conciertos que comenzará el lunes próximo en Salta y que incluirá una seguidilla de 18 Luna Parks entre marzo y abril. La orquesta del Titanic se llama el disco que los españoles hicieron “a cuatro manos”, un nombre que encontraron justo como una metáfora de la crisis que sacude a Europa: “El mundo se hunde y nosotros seguimos cantando”, dicen los cantautores, en medio de la amenaza. Cantan, componen, cruzan bromas y ríen juntos –sobre todo esto último, mucho, tanto en los shows como en las entrevistas– como si fuera el paso más natural del mundo; dos cantautores que podrían competir por el mismo público y que, sin embargo, han decidido compartirlo armoniosamente.

La continuación de Dos pájaros de un tiro, aquella gira que los unió en 2007 y de la que resultó un primer disco compartido, es esta vez diferente: La orquesta del Titanic es un disco echo íntegramente de nuevas canciones, con nuevos músicos (y producción a cargo de Javier Limón), compuestas y cantadas en forma compartida. “Un Frankenstein”, lo definen ellos con humor en diálogo con Página/12. “Lo que nos hizo tomar la idea de hacer otra gira, y luego decir no hacemos la gira si no tenemos canciones nuevas, fue cómo nos había quedado el paladar de contento con el recuerdo de la primera vez. Si volvimos a tropezar con la misma piedra fue por el recuerdo y la memoria de lo felices que fuimos en la otra gira: aquello rozó la perfección”, comienza la historia Sabina.

“La idea estaba hacía rato dándonos vueltas, a cada uno por separado, pero no nos lo decíamos... ¡quizá por miedo a tener que hacerlo! Y además nos pasaba lo mismo por separado: la gente en la calle que nos decía: ‘Ey, no pude verlos en Albacete’.” “Y ya sabe cómo es Joaquín –sigue Serrat–. ‘No se preocupe –les decía enseguida–, si usted lo dice, vamos a Albacete. ¡A Albacete vamos!’”

–Se quedan esta vez mucho tiempo en la Argentina, dos meses. ¿Cómo manejan esos tiempos en las giras?

Joan Manuel Serrat: –A nosotros nos parece que dos meses es muchísimo tiempo. Teniendo en cuenta lo que nos queda por delante... ¡dos meses es una eternidad! (risas). En la época de mi ignorancia, cuando yo era mucho más cretino, pensaba que el tiempo era algo que estaba siempre allí, enfrente. Ahora veo que el tiempo es algo que he malgastado, ahora que tengo mucho por detrás. Por tanto trato de disfrutar del tiempo como un diabético un pastel de nata.

–En muchas de las canciones nuevas hablan de ese tiempo por detrás, pero no como dos viejos sabios sino, en todo caso, como dos viejos que siguen asombrados por la sorpresa constante que es la vida. ¿Hablaron de eso cuando se sentaron a componer juntos?

J. M. S.: –La verdad, no hay en esto ningún planteo filosófico ni ético, nada que esté pensado como algo a partir de lo cual teníamos que funcionar. Está lo que pensamos de las cosas, tal como las sentimos. El planteo fue: veamos por dónde nos lleva esto, al fin de cuentas saldrán cosas que serán como somos tú y yo. Tendrá esa vigencia, la de lo que somos hoy. Luego el tiempo ya se encargará de poner las cosas en otro lugar, del mismo modo que nos pondrá a nosotros en otro lugar.

Joaquín Sabina: –Cada canción nos fue llevando al lugar que ella quería. Surgía un verso, una idea o un acorde de guitarra, y a partir de ahí había que saber dejarse llevar, y acordar. En general no era discutir, sino colaborar en beneficio de la canción. Hubo canciones que nos llevaron a un sitio donde no habíamos pensado ir. Concretamente “La orquesta del Titanic” empieza con unos versos que no tenían nada que ver con el Titanic, ni con ningún barco, ni nada. Pero luego esos dos tipos cayeron en el Titanic. ¡Y luego nos ayudó este capitán Schettino, el hijo de puta del Costa Concordia, con otro tipo de naufragio! Con una actitud muy contraria a la de los músicos del Titanic, la de seguir tocando.

–En la canción “Martínez” es fácil reconocer un homenaje de Serrat a Sabina. ¿Fue una manera de devolver aquel “Mi primo el Nano” que Sabina escribió en los ’90?

J. M. S.: –Bueno, sí, yo he escrito la letra...

J. S.: –¡Y yo soy la musa!

J. M. S.: –O sea, él es el argumento. Así que le corresponde el 50 por ciento de la autoría. Hablando en serio, “Mi primo el Nano” fue una declaración de amor, y ésta también lo es. Son declaraciones de amor entre dos tíos que se quieren. Sin sexo, porque eso a lo mejor lo estropearía todo...

–Este humor compartido también formó parte de la experiencia de los primeros conciertos, había muchas anécdotas, se cargaban entre ustedes. ¿La segunda gira también viene por ese lado?

J. M. S.: –Un cronista dijo aquella vez: “Sólo les faltó rifar el pollo”. Bueno, ahora, en estos conciertos, iremos por ese pollo.

J. S.: –A medida que vayan pasando los conciertos cada vez la engordaremos más, nos iremos divirtiendo más. Claro que también tenemos algún sentido de la contención, porque a los dos nos gusta mucho hacer el payaso. Y a veces uno se mete en bromas privadas que no se pueden compartir con la gente... tenemos que contenernos un poquito también.

–Sabina dijo en algunas entrevistas que Serrat le ha servido de psiquiatra. ¿No es eso demasiada responsabilidad?

J. M. S: –Bueno, eso como si al papá de Andy Chango, que es un neurólogo extraordinario, lo responsabilizaran de su hijo... Este señor dirá: no, yo soy un gran neurólogo y hago lo que puedo por la gente... ¡Yo no tengo que responsabilizarme de él! (risas).

J. S.: –Yo lo he dicho en serio, vamos. Independientemente de sus canciones, hablo de su compañía: estar con él me hace estar bien, me hace moverme, hasta como mejor, estoy más sano...

J. M. S.: –Sí, sí, yo le lavo cada día, le saco a pasear, le muestro la ciudad... Lo saco tempranito a orearse, lo llevo a comer, me come muy bien... ¿Cómo lo podría explicar...? Es como Charly García con Palito... ¡Soy el Palito Ortega de Sabina! (risas).

–¿Hay algo que les haya quedado pendiente, guardado entre la producción conjunta?

J. S.: –Los dos somos muy amantes del folklore argentino e hicimos una especie de milonga, medio recitada. Para este disco la dejamos fuera, por motivos que no tienen que ver con la canción sino con la estructura del disco. Pero está ahí, y a lo mejor un día la sacamos, si nos apetece.

J. M. S.: –Eso será, como dice Joaquín, sólo si nos apetece. Porque no nos hace falta a ninguno de los dos buscarnos algo que no nos aporte algún plus de credibilidad ante nosotros mismos: trabajo no nos va a faltar y si no tenemos trabajo un año, no nos va a pasar nada. Y quién sabe, con la edad que tiene Joaquín, y con el estado de salud que tiene, si lo podremos hacer otra vez... Así que éste es el momento, hay que aprovechar. En eso estamos de acuerdo su mujer y yo.


Fuente: PAGINA|12/Karina Micheletto

No hay comentarios:

Julio Cortázar - Rayuela Cap. 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja...

...Me miras, de cerca me miras, cada vez mas de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez mas de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, Jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua. (fragmento)



Alejandra Pizarnik - Piedra Fundamental

No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.

Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las alude, signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos, aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío, no, he de hacer algo, no, no he de hacer nada, algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

Las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo.)

Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas. (Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)

(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)

Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.

Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aun para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.

Hay un jardín.


Las olas - Virginia Woolf

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido lo cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. (fragmento) 1931

Virginia Woolf - Orlando

"Habiendo interrogado al hombre y al pájaro y a los insectos (porque los peces, cuentan los hombres que para oírlos hablar han vivido años su soledad de verdes cavernas, nunca, nunca lo dicen, y tal vez lo saben por eso mismo), habiendo interrogado a todos ellos sin volvernos más sabios, sino más viejos y más fríos -porque ¿no hemos, acaso, implorado el don de aprisionar en un libro algo tan raro y tan extraño, que uno estuviera listo a jurar que era el sentido de la vida?- fuerza es retroceder y decir directamente al lector que espera, todo trémulo, escuchar qué cosa es la vida: ¡ay! no lo sabemos. " (fragmento)

“Cuando los besos saben a alquitrán, cuando las almohadas son de hielo,
cuando el enfermo aprende a blasfemar,
cuando no salen trenes para el
cielo,
a la hora de maldecir,
a la hora de mentir.
Cuando marca sus
cartas el tahúr
y rompe el músico su partitura
y vuelve Nosferatu al
ataúd
y pasa el camión de la basura,
a la hora de crecer,
a la hora
de perder,
cuando ladran los perros del amanecer.”

__

“En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿pero cómo pudo sucederme a mí?
¿quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.”

__

“Cuando agoniza la fiesta
todas encuentran pareja
menos Lola
que se va, sin ser besada,
a dormirse como cada
noche sola
y una lágrima salada
con sabor a mermelada
de ternura
moja el suelo de su alcoba
donde un espejo le roba
la hermosura.
Nadie sabe cómo le queman en la boca
tantos besos que no ha dado,
tiene el corazón tan de par en par y tan oxidado.”

__

“Algunas veces vivo, y otras veces
la vida se me va con lo que escribo,
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo que te arañe el corazón.
luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella…, al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
sólo quiero regalarte una canción.”

__

“Desnuda se sentía igual que un pez en el agua,
vestirla era peor que amortajarla,
inocente y perversa como un mundo sin dioses,
alegre y repartida como el pan de los pobres.
No quise retenerla, ¿de qué hubiera servido
deshacer las maletas del olvido?
Pero no sé qué diera por tenerla ahora mismo
mirando por encima de mi hombro lo que escribo.
Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa,
a cambio de sus besos y su prisa,
con ella descubrí que hay amores eternos
que duran lo que dura un corto invierno.”

__

“No soporta el dolor, le divierte inventar
que vive lejos, en un raro país,
cuando viaja en sueños lo hace sin mí,
cada vez que se aburre de andar, da un salto mortal.
Cuando el sol fatigado se dedica a manchar
de rosa las macetas de mi balcón
juega conmigo al gato y al ratón,
si le pido “quédate un poco más”, se viste y se va.
Cuanto más le doy ella menos me da
Por eso a veces tengo dudas, ¿no será un tal Judas
el que le enseñó a besar?”